domingo, 4 de diciembre de 2022

Romance de la aparición

 

Romance de la aparición

domingo 19 abril 2020


— ¿Dónde va usted, caballero? — ¿Dónde va usted por ahí

tan triste y meditabundo —e inclinada la cerviz?

—Voy en busca de mi esposa —que hace años no la vi;

tengo nostalgia de ella —de sus ojos y nariz;

nadie la tuvo tan bella —larga quizá un poquitín.

—Su esposa de usted se ha muerto —un día del mes de abril,

de un berrinche maligno — al que yo misma asistí;

algo la contrariara, —no lo pudo resistir.

En su sepelio yo estuve —y parte del duelo fui;

y para que usted me crea —detalles puedo añadir

que refuercen lo que digo —y de verdad den cariz:

era cerúlea su cara —los dientes como el marfil

que son lo que más resiste —y se transforma en fósil;

el pañuelo a la cabeza —jamás otro igual no vi;

a hombros la transportaban — cuatro duques de postín;

Tocaba la marcha fúnebre —un cuarteto, y el violín

hiciera llorar a una piedra —que acertara a lo oír.

—Haya muerto o no haya muerto, —a su casa quiero ir

a saludar a sus padres —y bajar luego al jardín

donde los dos paseábamos —y donde fui tan feliz.

A la sombra de un manzano —el primer beso le di

y el primero me dio ella, —me dijo, y la creí,

Sale una sombra a mi encuentro — la escalera al subir;

mientras yo más me apartaba, —más se acercaba ella a mí.

—Cálmese usted, caballero; —y no le dé el frenesí

que suelen dar los fantasmas —como los nórdicos djin,

Yo soy su esposa querida, —que hace un año fenecí.

Los brazos que lo abrazaban —a la tierra se los di;

la boca que lo besaba —fue de gusanos festín.

Vuelve a casarte, mi hombre, — y no llores más por mí;

Ahorra esas tiernas lágrimas —que no son dignas de ti;

llama a tu hija primera —Rosa de pitiminí,

para que cuando la nombres, —creas que yo reviví.

jueves, 1 de diciembre de 2022

Romance de la infanticida II

21 de abril de 2020, romance de la infanticida-2 


A un padre contaba el hijo —lo que en la casa pasaba:


—Escucha, padre querido, —escucha, padre del alma,

guarda que los dos se burlan —y se lo toman a guasa,

pues que el vecino y mi madre —comparten sofá y almohada;

ella te pone los cuernos, — traidora y desvergonzada,

no siente remordimientos —ni se arrepiente de nada.

Te convendría hacer algo —la situación no me agrada.

El padre no hacía caso —de lo que el niño contaba;

la fiesta en paz prefería, — no quiere él saber nada

y esconde cual avestruz —la cabeza bajo el ala.

Ha de salir de viaje —pues es tiempo de rebajas,

hay una oferta de seda —que pasó de temporada.

Llegó a oídos de ella  —que el hijo la denunciaba

Y sin cortarse ni un pelo  —tomó en el asunto cartas.

Mientras el padre está ausente —al niño ella degollaba,

con un cuchillo de acero —templado en aceite y agua,

más duro que el pedernal — y afilado cual navaja,

y le sacaba la lengua —y a los perros se la echaba;

los perros se compadecen, —y del suelo no la alzan,

que a veces los animales  —de virtud lección nos daban

De las entrañas del niño —prepara una cazuelada,

para ofrecerla al marido —tan pronto como regresara.

Al otro día temprano —el padre a la puerta llama,

lo primero que pregunta —es por el hijo del alma.

—Siéntate, Francisco, y come,  —que el niño en la calle anda

y como es tan pequeño, —en los recados se tarda.

Echando la bendición,  —la carne en el plato habla:

—Detente, padre, detente —porque más lejos no vayas

y tengas que arrepentirte —más tarde de lo que hagas;

a punto estás de comerte — al hijo de tus entrañas;

a la madre que me has dado — ¿qué esperas, que no la matas?

Merece que la degüelles — o que pedazos la hagas

por traidora y mal nacida, — falsa, cruel y desalmada,

con un cuchillo de acero —o de dos filos un hacha.

Oyendo la madre esto —se ha encerrado en una sala,

y llama al demonio a voces —que se la lleve en volandas,

a donde nadie la encuentre, —a donde nadie la alcanza.

Tras de la puerta el demonio —pronto y listo la acechaba:

— ¿Qué quieres, mujer de bien, —que tan aprisa me llamas?

Heme aquí pronto a servirte —dime qué quieres que haga.

—Que me agarres de los pelos —y me arrastres por la sala

y me lleves al infierno, —o donde mejor le cuadra;

pues horroroso es mi crimen —y nadie lo perdonara.

Sin demorarse un instante, — él de los pelos la agarra,

la lleva de un lado a otro, — la zarandea y la arrastra,

y de tal modo se empeña —y la golpea y maltrata,

la deja para los restos —la zurra y la desbarata,

que aquello fuera un desastre —una hecatombe y desgracia.

Cuando acudió la justicia —a poner orden y calma

en aquel batiburrillo —sin ejemplo en la comarca,

halló el cuerpo hecho pedazos —mas desprovisto de alma,

que en los profundos infiernos — a penar ya comenzaba.

Tal es la suerte que espera —a quien del cesto se salga

porque atenerse no quiera —a vida justa y reglada

y prefiera en cambio hacer —su real y santa gana,

lo que le sale de ahí, —lo que le peta y le cuadra,

sin de Moisés tener cuenta —los Mandamientos y Tablas

que, cual si nunca existieran, —por el sobaco se pasa.

Así termina la historia —de aquella mujer nefasta

que prefirió condenarse —a ir de buena y santa.

Hay de todo en este mundo —la libertad es sacrosanta.


Romance de los hijos del rey moro

 

Romance de los hijos del rey moro


 El rey moro tuvo un hijo—al que Tarquino  llamara,

Y este Tarquino, su hijo, —se enamoró de su hermana;

ella se llama Tamar —mayor incesto no haya.

Viendo que ser no podía, —cayó enfermo en la cama

y fue el padre a visitarlo—a ver lo que le pasaba.

— ¿Qué tienes, hijo Tarquino? — ¿Qué tienes, hijo del alma?

Te noto descolorido —dime por Dios qué te pasa.

— Que estoy caliente, mi padre —y de joder tengo ganas.

— ¡Caramba con el muchacho! —Con el muchacho ¡caramba!

Pues sí que estamos jodidos. — ¡A ver quién l’ardor le calma!

—se dijo aquel padre amante —rascándose cabello y barba.

Mientras estaba perplejo —mientras qué hacer meditaba,

Ofrecióle por de pronto —un tentempié y cuchipanda

Expresada en estos términos —claros donde los haya:

—¿Quieres un guiso de carne? —¿Quieres que un ponche te haga?

¿Quieres quizá otra cosa, —algo que a mí se me escapa?

No vaciles en decírmelo —que estoy como quien dice, en ascuas.

Dime qué te apetece —y mandaré te lo traigan.

—Pues que así sois de gentil —amable y de buena pasta,

dejad que abra la boca —y os desnude mi alma:

lo mismo da, padre mío, —lo mismo da lo que traigan,

si me lo trae en persona —mi queridísima hermana;

y cuando ella viniere, —que no venga acompañada.

—Así se hará, hijo mío, —tu voluntad es sacrosanta,

Nadie dirá que un mal padre —es este que te acompaña.

Y sin decir más preámbulo —mandó recado a la hermana

De aquel hijo afiebrado —que al parecer salió rana.

Mas como era en verano—y el calor achicharraba,

con poca ropa ella viene, —acude en enaguas blancas.

Era muchacha aún muy joven —y ningún mal sospechaba

De miembros de su familia —ni de su hermano del alma.

Pero el hermano querido —de otra forma lo miraba:

Apenas la ha visto entrar, —como un león se abalanza

sobre la tierna doncella—por nadie aún desflorada,

la coge con frenesí, —la tiende sobre la cama

y en menos que dura un credo —la posee y la desgracia;

la toca y la manosea —nunca de hacerlo se cansa

hasta que falto de fuerzas —la suelta y por fin descansa.

Ya remató la faena —su lujuria está saciada,

le entran remordimientos —como a menudo pasa,

cuando hacemos algo mal, —cuando metemos la pata;

cuenta se da arrepentido —de que el crimen nunca paga

y que el que juega con fuego—siempre se quema y se abrasa,

o como el dicho sostiene— ¡a buen tiempo, verdes mangas!

Mas cual sucede a menudo —con frecuencia más que harta,

curándose en salud—con el mochuelo a otro carga:

—Culpa ha sido de mi padre —que aquí a sus deberes falta

de dar ejemplo a sus hijos —de moral estricta y alta.

Por otra parte, soy joven, —y el joven hace burradas.

Así pues si algún castigo —merece mi yerro y falta,

Sea él a soportarlo, —en mi cabeza no caiga.

Búsquense en mis verdes años —móvil, origen y causa. 

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Romance de la gentil dama y el rústico pastor

 —Pastor que andas sin rumbo, —a los amores ajeno, 

¿quieres casarte conmigo—y conocer lo que es bueno?

—Yo no quiero ser casado, —responde el villano vil:
tengo el ganado en el monte: —adiós, que me quiero ir.
—Tú que estás acostumbrado—a ponerte esos zahones;
si te casaras conmigo—te pusieras pantalones.
—No quiero tus pantalones, —responde el villano vil:
tengo el ganado en el monte: —adiós, que me quiero ir.
—Tú, que estás acostumbrado—a ponerte una zamarra;
si te casaras conmigo, —otro gallo te cantara.
—Con mi zamarra me basta, —responde el villano vil:
tengo el ganado en el monte: —adiós, que me quiero ir.
—Tú que estás acostumbrado—a comer pan de centeno;
si te casaras conmigo, —lo comieras blanco y bueno.
—Yo no quiero tu pan blanco, —responde el villano vil:
tengo el ganado en el monte: —adiós, que me quiero ir.
—Tú, que estás acostumbrado—a dormir entre la paja;
si te casaras conmigo, —durmieras en blanda cama.
—Blanda no quiero la cama, —responde el villano vil;
tengo el ganado en el monte: —adiós, que me quiero ir.
—Si te casaras conmigo, —mi padre te diera un coche,
para que vengas a verme—los sábados por la noche.
—No quiero un coche ni verte, —responde el villano vil:
tengo el ganado en el monte: —adiós, que me quiero ir.
—Yo te pondría una fuente—de cuatro caños dorados,
para que en ella bebieran—agua pura tus ganados.
— ¡Al diablo con tu fuente!—responde el villano vil:
que con mujer en la casa—las penas no tienen fin.

martes, 29 de noviembre de 2022

Continúa la Danza del poeta

 

Liturgias y Vejámenes

La danza del poeta

Versión moderna de la Danza de la Muerte

 

 

Dice ROGER. W. FONTAINE, asesor de Ronald Reagan.

 

Si la propaganda falla en el Caribe,

redentora guerra se predicará;

la victoria sólo total se adjetive,

la mundial tercera USA ganará;

del pensar la élite se atraerá

por medio de becas, premios, donaciones...

reconocimiento y consideraciones

apetece el sabio: así se lo habrá.

 

Dice el poeta

 

Auténtico al sabio no mueve el dinero;

si lo piensas, yerras y tú no lo eres;

habrás de captarlo poniendo primero

la verdad del mundo, a la que no adhieres;

asesora a gusto, pues que no requieres

cociente elevado, ni excesivas luces;

déjanos tranquilos, y nunca te cruces

en camino ajeno que hostil no prefieres.

lunes, 28 de noviembre de 2022

El poeta sigue llamando a su Danza a todos los que en el mundo son

 

Liturgias y Vejámenes

La danza del poeta

Versión moderna de la Danza de la Muerte

 

 

Dice MARTA PORTAL, novelista.

 

En Europa hay demasía de alimentos

y en los USA se disuade al productor,

en la India son millones los hambrientos

y africanos pocos comen a sabor.

Los Gobiernos ocuparse han del sector

y el sistema mejorar de los abastos,

procurándole al cultor menores gastos

y legítimo provecho al vendedor.

 

 

Dice el poeta

 

En mi infancia ingenua y tierna desvalida

he creído, al que escribía, superior,

porque hablaba de materia nunca oída

y aportaba a mi existencia resplandor;

mas mi yerro reconozco ya mayor,

pues bien puede un escritor equivocarse

y al error con tantos otros apuntarse

y mostrarse en lo moral muy inferior.

 

domingo, 27 de noviembre de 2022

Sigue el poeta

Liturgias y Vejámenes

La danza del poeta

Versión moderna de la Danza de la Muerte

 

Dice JACK HENRY ABBOT, preso americano de por vida.

 

Se te busca hoy la muerte en la galera,

antes imperaba brutal la violencia,

y si un día a un preso matare cualquiera,

habrá de los justos callada aquiescencia;

por fuerza en la cárcel toda virulencia

desemboca en frío y pronto asesinato,

pues si te descubren sufrido y pacato,

pulpa harán de ti todos sin clemencia.

 

Dice el poeta

 

No sienten respeto por los otros hombres

nuestras sociedades, tan adelantadas;

en enriquecerse y labrarse nombres

cada una y todas gentes ocupadas;

hay buenas y malas, y unas dedicadas

a pensar en otras formas de actuar

que causan molestia a los que a mandar

se han habituado y hallan desviadas.